¿Tienes un Habitaquo? Era la frase del momento, ¿Qué si tienes un Habitaquo? ¿Qué si te ha llegado el Habitaquo? ¿Qué si el Habitaquo esto? ¿o el Habitaquo aquello?…

Era terrible, yo no podía trabajar en estas condiciones.

Había dejado pasar el tiempo pensaba que sería una moda pasajera y no me había preocupado de averiguar que era eso del Habitaquo. Y ahora, aquí me tienes sin saber que coño es. No tenía ni idea, y la gente venga a hablar del Habitaquo, de sus formas, de su carácter, de su peso, de lo bueno que era tener uno… Y yo no podía decir de pronto, ¿Qué coño es eso del Habitaquo? Pensarían en la oficina que era un anticuado y que no estaba en el mundo. Fui a la biblioteca, miré en la enciclopedia de casa, escuchaba conversaciones sobre Habitaquos en el metro para intentar pillar algo, pero nada. Seguía sin saber que era eso.

Y tenía que disimular, en la oficina hablaba también del mío, sin saber que era eso. De las prestaciones que tenía, de lo bonito que era, de lo fácil que hacia la vida…
Así pasé cinco años de mi vida, hablando de algo que no sabía lo que era, hasta que un día me harté, me armé de valor y dije en voz alta, Pero, ¿Qué es un Habitaquo?