A. estaba sentado en el borde de la cama, desnudo, con su cuerpo gordito y peludito.

He de reconocer que nunca me había acostado con un hombre así.

Mucho mayor que yo, rechoncho y sin depilarse. Pero bueno, su voz, tan intensa, su gracia del sur y su buena conversación me habían seducido. Era nuestra primera noche juntos y yo tenía ganas de sexo.

Antes de llegar al hotel, había parado en la farmacia y había comprado la novedad del momento.

Habitaquo Sensación, anunciados en televisión, prensa… Decían que con ellos podías experimentar sensaciones nunca antes conocidas, y ummmm… tenía ganas de probarlos y dejarme llevar por esos mares de placer.

Pero A. no estaba por la labor, era un hombre convencional y no quiso probar, se puso un Durex de toda la vida.

Fue un polvo más. Normal. Simple. Sin sensaciones nuevas. Y duró muy poco.