Habitaquo era pequeño, peludo, suave; vamos que me recordaba a Platero, el burrillo ese que se hizo famoso.
Pero Habitaquo era un ser. Había llegado en septiembre, cuando se terminaba el verano y yo estaba de muy mal humor.
Una noche que aún hacía calor, pero amenazaba tormenta cuando salí a tirar la basura me lo encontré al lado del contenedor.
Despistado. Con su tez verde, su enorme ojo central y su ropa de los ochenta. Es un poco hortera mi Habitaquo.
Me dio pena y como casi era la hora de que pasaran los basureros, por lo que su destino al lado del contenedor no era muy bueno, me lo llevé a casa. Ahora vive conmigo.
Llevamos casi siete meses juntos y no lo cambio por ningún humano.
Cuando te acostumbras a su forma de hablar, a su ojo que todo lo ve, a su dedo laser, a su ropa tan pasada de moda, a su color verder fosforito, descubres que es un ser genial. Y además un fuera de serie en la cama.
Ummmm, ¿por qué no habrá más Habitaquos? Mi prima también quiere
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