Es mi barco, el Habitaquo II, aquel que ves allí al fondo, en la esquinita, el blanco y azul. Es precioso. Tan elegante. Con esas formas delicadas, un velerito precioso. Con sus velas blancas, blancas, de un blanco tan blanco que casi daña la vista ¿verdad?. Me encanta, es que cuanto más lo miro más me gusta. Estoy tan contenta de tenerlo, tan orgullosa por haberlo conseguido. Me siento muy bien siendo propietaria de un Habitaquo. Mi Habitaquo II. Lo más preciado que tengo. ¿Te gusta?
No supe que decir, por más que miraba aquella botella pequeña y con un barco diminuto en su interior no le encontraba el sentido. Me quedé callada. El Habitaquo II me había dejado sin palabras.