Es el Puente de Mayo, todos en el trabajo estaban flipando, que se iban a la playa, que si iban al puebla, que si esto, que si aquello… y yo, ¡horror! tenía que quedarme de guardia y no podría disfrutar del puente, de ese merecido descanso que sienta tan bien.
Decidí comprarme un libro y leerlo, y no pensar ni en playas, ni en sol, ni en montañas, ni en bellas ciudades y sus museos, ni en nada. Me relajé en casa después del trabajo con una buena copa de vino y un buen libro.
La verdad es que me lo pase muy bien en casa, así disfruté de mis días festivos en mi habita, ese fue mi habitaquo festivo.