habitaquo

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HABITAQUANDOME

Esta mañana cuando sonó el habitaquo a las siete en punto, me levanté me fui corriendo al habitaquo pequeño e hice un pis rápido, me fui a la cocina cogi la habitaqua y preparé un habitaquo cargado, me gusta así por las mañanas. Me fui a la habitaqua estrecha que hay en mi casa y dejé que el agua calentita resbalara por mi cuerpo moreno. Me sequé y vestí mis habitaquos para el trabajo.

Desayuné rápido, salí a la calle y me compré el habitaquo matinal, el independiente. Y me senté a esperar el 5, el habitaquo más rápido de la ciudad que me llevaría a un largo día de trabajo. Y es que cualquier cosa puede ser un habitaquo.

habitaquos

Eran tres pequeños habitaquos, una especie de rata blanca y con una extraña coleta de colores vivos y chillones que le nacía en la parte baja de la cabeza. La primera vez que las vi, no tenía ni idea de que eran aquellos pequeños monstruos. Me asusté. Luego empecé a tener confianza en ellas y ellas, a su vez, en mí. Y nos hicimos íntimas. Comían de mi mano, dormíamos juntas, me miraban cuando me probaba ropa, les compraba caprichitos con lo poco que me quedaba del sueldo.
Al principio no dije nada a nadie, pero un día se me ocurrió comentárselo a Nadia, que se lo dijo a Juan, que a su vez se lo cascó a Pedro, éste a Nacho, Nacho a Fran, Fran a Caye, Caye a Pepe, Pepe a Marcos, Marcos a Lucia, Lucia a Jimena, Belén, Gema y Pepe, Jimena a todos los niños de su cole, Gema a Cris y Arancha, Pepe en su curro a treinta personas, Belén a su madre y al vecino del 5º, éste a Carolina, su mujer, la madre de Belén a las vecinas del portal, a sus compañeras del gimnasio y al frutero, el frutero a Caqui, Caqui a Carmen, Carmen a Patricia, Patricia a Bea y Marieta, Marieta a Julián y Julián a cincuenta personas más.

El caso es que se fue extendiendo el rumor y un buen día llegaron los de sanidad y se llevaron a mis tres amigos, tres habitaquos preciosos, pues decían que era una especie en extinción.
Les echo muchísimo de menos. De vez en cuando les escribo una postal contándoles mis cosas. Confío en que algún alma caritativa del centro de investigación se las lea. Les gustaba mucho que les leyera.

HUELGA DE HABITAQUOS

Eran tan pequeños, tan insignificantes, pasaban tan desapercibidos que al principio nadie se preocupó. Huelga de habitaquos, pues vale, decían, nadie lo va a notar. Pues que estén en huelga veinte días si quieren, decían otros… Para lo que sirven… se escuchaba también.
El día de la huelga se vino acercando sin que nadie se tomara la molestia de averiguar quienes eran esos Habitaquos y a que se dedicaban, entonces esa mañana todo se paralizó, metro, semáforos, cajeros automáticos, hospitales, tiendas, coches… Fue el caos, tardaron días en recuperarse.

Así entendimos que no se puede menospreciar a nadie por pequeño e insignificante que sea. Todos tenemos un valor importante.

HOY COMEMOS HABITAQUO

Ya es domingo otra vez, la sombra cruel del lunes planea sobre mi cabeza. Y aún por encima otra vez Habitaquo para comer. Y es que a mi madre no la sacas de los seis o siete platos que maneja, que si lentejas, que si garbanzos, tortilla, paella, habitaquo o carne guisada. De ahí no sale. Todos los domingos desde hace más de treinta años comemos Habitaquo, y no es que no me guste, es que ya me he cansado de siempre lo mismo. Claro, que también podría hacer yo algo, pero es más cómodo levantarse de la cama y pasarse la mañana jugando a la play sin preocuparme de nada, que meterme en la cocina a preparar algo.
Pero ella también podría innovar, no le pido que me haga un sushi o alga raro, pero una arroz con conejo, un guiso de alubias, un filete con patatas, unos huevos estrellados con jamón.
- Ummmm, mamá que rico el Habitaquo de hoy, está delicioso.

HABITAQUO II

Es mi barco, el Habitaquo II, aquel que ves allí al fondo, en la esquinita, el blanco y azul. Es precioso. Tan elegante. Con esas formas delicadas, un velerito precioso. Con sus velas blancas, blancas, de un blanco tan blanco que casi daña la vista ¿verdad?. Me encanta, es que cuanto más lo miro más me gusta. Estoy tan contenta de tenerlo, tan orgullosa por haberlo conseguido. Me siento muy bien siendo propietaria de un Habitaquo. Mi Habitaquo II. Lo más preciado que tengo. ¿Te gusta?
No supe que decir, por más que miraba aquella botella pequeña y con un barco diminuto en su interior no le encontraba el sentido. Me quedé callada. El Habitaquo II me había dejado sin palabras.

Un chiste habitaquo

profesor habitaquo

-Pablo a la pizarra y dime la conjugación del verbo habitaquo:

-Eh, seño… yo… habitaquo, tu habitaquas, el habitaquo, nosotros… habitaquamos, vosotros habitaquais y ellos… habita… habitaquan…

-Muy bien, Pablo… siempre tan aplicado.

Ves Francisco, ves cómo es.
Uff, que niño… nunca aprende.

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