Eran tan pequeños, tan insignificantes, pasaban tan desapercibidos que al principio nadie se preocupó. Huelga de habitaquos, pues vale, decían, nadie lo va a notar. Pues que estén en huelga veinte días si quieren, decían otros… Para lo que sirven… se escuchaba también.
El día de la huelga se vino acercando sin que nadie se tomara la molestia de averiguar quienes eran esos Habitaquos y a que se dedicaban, entonces esa mañana todo se paralizó, metro, semáforos, cajeros automáticos, hospitales, tiendas, coches… Fue el caos, tardaron días en recuperarse.

Así entendimos que no se puede menospreciar a nadie por pequeño e insignificante que sea. Todos tenemos un valor importante.